Tienes pinta de guardarte los trucos en el puño de la camisa. Al lado de la ausencia de tu vergüenza.
Tienes unos brazos perfectos para empezar un recorrido largo con mis dedos. Empezar por el antebrazo izquierdo y terminar por el derecho. La piel perfecta para deslizarme.
Tienes un cuello dispuesto a dejar cardenales. Donde te activas si quiero y te desactiva si te lo propones.
Yo siempre he sido de perderme. Hasta en los caminos rectos. Por eso tengo miedo a ascender por tu espalda y no llegar a tu nuca. No necesito ni mapas ni brújulas, ya encontraré yo tus puntos cardinales.
Me perdí en el norte de tu cuerpo, haya donde residen la mayoría de tus sentidos. Ya sabes, tú y yo. A tu boca le debo un cuarto de mi vida desde que balanceé en ella. Sin caerme, arropada por tus comisuras. Sobre lamernos como gatos limpiando nuestra suciedad ya te hablaré otro día. No menosprecio tu olfato sabiendo que puede ser que te enamores si hueles el amor que se intercala entre mi pelo.
Y para hablar de tu mirada debo añadir que odias los silencios incómodos. Las preguntas que te ponen contra la espada y mi boca. También dicen tus ojos que te gustan los asaltos en los portales y que te da miedo que te asalten al corazón. Debo confesarte que yo también guardo trucos en mi camisa sin mangas. Y sé que no me he ganado aún tu vida, pero de futuros inciertos tengo un doctorado. Aunque muera a las dos de cada madrugada cuando te vas. Que el "buenas noches" es una frase hecha, y mal hecha sino estás conmigo. Quizá por eso a veces pienso que tus pestañas me salvan de la noche. Y de algunos días, si te lo propones. Así que no quiero imaginarme que hubieras hecho si te llegó a encontrar en invierno para salvarme del frío. Seguramente dejarías de abanicarme con palabras suicidas y me refugiarías en cualquier lugar donde no nos encontrasen las bajas temperaturas. Y para dejar de tener frío beberíamos pequeñas porciones de amor semienvenenadas. Como hacemos ahora para quitarnos el calor.
Y sólo me queda tu sur. Seguramente descender desde arriba con mis dedos por tu tripa te podría volver a activar sabiendo que no querrías desactivarte. Puedo descender a la velocidad que me lo pidas. Podemos alcanzar la vida por hora y la muerte por segundo. Derrapando en tu ombligo y estrellándonos en la almohada. Te dejo que elijas la forma de morir juntos si prometes enterrarme en tus labios.
Ya sabes, dieciocho con seis suspiros de ti.

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