La creación del desuso del cuerpo ajeno. Palabras mudas. El veneno en tetrasílabos, aunque a veces sobra con monosílabos-y yo-.
Créeme cuando creo que nunca me he creído capaz de crear contigo.
Siénteme por todos los sentidos que el ser poco humano es capaz de sentir.
Conóceme por los rincones desconocidos que cualquier conocido ha tenido la opción de explorar. Y siempre olvidaban el mapa.
Entiéndeme, que ni yo misma entienda que nadie me conozca. Que nadie me ubique en las coordenadas de mi propio cuerpo. Alguien que se sienta capaz de crecerme.
Será porque vivo de ceniza. Como aquel animal mitológico en el que me refugio para recrearme. Para deshacerme de las grietas que los labios de gatos callejeros me dejan.
La autolesión son conversaciones en las que se que nadie me responderá lo que tú me mirarías. Un avión que me separa de todas las acciones que llevan a confesarte. Y que saltarás hacia mi miedo, sabiendo que te estrellarías.
En aquel bar de mala vida en el que me maté. Le escuché los labios con los me sacaría la sangre. Y le miré el corazón donde mi nombre caducaba en tres asaltos. Así que antes de tragarme todos los cristales, recordé que todavía tienes mi mes de enero. Y cualquier cerveza me lleva a tu taza de café.
Todavía sigo entera.
A trocitos.
