6 de febrero de 2013

Las malas lenguas

Hace tiempo que deje de darle importancia a eso de hablar sin saber. A la gente que pasa por tu vida para dar portazo. Para hacer daño. Vagabundeas entre bocas perdidas y miradas fijas mientras tu conciencia te grita en silencio lo que debes valorar.
Y haces oídos sordos y te pierdes en las risas flojas de la noche más oscura de todas. Absurdo que te odien. Tan absurdo como muchas cosas en la vida. Como tus ganas de mi acompañadas de te quieros sucios. Como "el porqué somos putas baratas entre nosotras cuando lo único que nos separa es la misma sonrisa."  Y lo único que queda aquí es un hombre ileso y mujeres declarándose la guerra. Las uñas limadas y la voz preparada. Un ring de rencores y celos.
 Por eso, que gire el mundo más deprisa y nos sujetemos fuerte los que vivimos la vida como queremos. Y los demás ya caerán por su propio peso. Rumorean que se esta llenando de supuestas putas baratas y rencores de sangre.
Pero verdaderamente el mundo esta muy mal. Todavía me tienta con utopías tuyas, pero creo que he aprendido a esperar y ver como tu orgullo y tus mentiras te susurran lo mismo que yo.
Como tus batallas perdidas, disparan. Dos balas. Una la evito y la otra me roza. Me roza el estomago, casi por el corazón. Menos mal que no llegaste ahí, que tengo un corazón muy pequeño con mucha gente que me quiere. Ya sabes, lo mucho que me odian lo cambio por lo que muchas otras me quieren.
Y a veinte días de un año más te escribo que ningún hombre vale más que ocho mujeres juntas, que al final se irá con quien de verdad llene su vida y no con quien le declare la guerra al mundo por él.
Algún día te darás cuenta entre calada y calada que no fue porque no quisimos, y entre sorbo y sorbo mientras los meses pasan que lo ilógico es darle importancia a quien no debe tenerla. Lo poco que odio y lo mucho que me odian.