3 de enero de 2017

Hacer

Haz de todo lo tuyo, nuestro. Que seas estrella todas las noches de insomnio y sol de los días nefastos. Que seas luz. Que brilles, pero sobre todo que deslumbres. Quiero que me sigas dejando ciega. Y que me quites el habla cada vez que se nos inclina el barco. De eso tuyo hablo.
No quiero tener nuestra canción, quiero hacer nuestras todas las canciones. Que consigas hacerme reír con la peor argumentación de elección de película. Haré como que tienes razón.
Quiero que sepas todo lo que yo no sé. Y que me enseñes todo lo que ya tengo aprendido. Que hagas de los lugares más horribles el mejor lugar del mundo. 
Que me enseñes los rincones más oscuros de una ciudad, y te explicaré que hasta lo más bello fracasa en algún factor.
Que me quieras lejos, muy lejos, tanto que cada vez que me tengas cerca nos falten vueltas de reloj.
Quiero que aunque hayan pasado una estación de año sin vernos, cuando me veas, te rías y me digas que estas cansado de verme todos los días. Que me dispares a ironías, y te hagas un asesino en serie de abrazos.

Haré de todo lo mío, nuestro. Déjame. Déjame hablarte sobre todas esas cosas que no tienen relevancia. O si que la tienen pero la pierden cuando estamos juntos. Hazte cómplice de mis quejas diarias. Y sonrieme cuando me de cuenta de tu mordacidad.
Hazte conquistador de este planeta. Navega en sus siete mares. Invade las siete maravillas, y construye una octava.

Hagamos todo, lo nuestro. Revueltos pero nunca juntos. Combatamos guerras separadas que tengan el mismo final. Que la victoria sea descansar contigo. Apoderemosnos de todos los bares nocturnos, devuélvele el guiño a la chica apoyada en el pilar que sujeta un gintónic. Deja que se empape los labios, y entonces adueñate de su risa y explícale que tienes una novena maravilla que terminar. Y corre a buscarme.

Yo siempre volveré a tu barba de dos días, para sentirme en casa.

Y entonces, hagámoslo todo nuestro.