A ti que nunca me dejaste llorar sola. Siempre me llevabas a tu habitación para confesar secretos. A la que me cuidaba todos mis días posteriores de fiesta. A la que me puso guapa hasta con el alma rota. Y me peinaba para destellar en el café frío de un triste invierno. A la que siempre me ha admirado, he destrozado y recompuesto, porque siempre supe que era un ave fénix.
A ti que pierdes toda la información posible. La que hace que navegue en suposiciones. Por la que admite todos sus errores y sabe hacerme sentir responsable de todos mis actos. Al ángel disfrazado de demonio, a mi mano derecha que siempre ha tirado a la izquierda. La kamikaze de sonrisas nocturnas, en coches prestados y la inocencia entre sus dientes.
A ti, compañera de mi rebelde adolescencia. Mi querida aprendiz de todos mis errores. De todas mis bebidas, de todos mis pulmones. La solución a las horas muertas, capacitada para revivir todas las batallas. A tus dudas, tus compromisos y tus virtudes. A nuestra mecha que enciende todas las guerras.
A vosotras que os sentasteis en pupitres cerca de mi. A las que viven nueve meses conmigo. Que sobreviven las cortas y largas distancias. Las responsabilidades, las actitudes y aptitudes envidiables que os componen. El calor de corazones que tenéis entre las costillas más indestuctibles del mundo. Allí donde guardáis la autoeficacia.
A los que soy un poco más de vosotros con cosas pequeñas. A las anécdotas que narráis cuando el verano nos consume en sus noches efímeras. A los planes de última hora capaces de planear. A vuestras aventuras de las que nos hacéis complices a todos los demás.
A ti que trabajas conmigo. A tu dulzura que te compone. El amor que llevas en los ojos. A tus gestos que me hacen reír cuando el futuro esta pidiendo una mesa para seis. Al chocolate que rellenas y los vasos capaces de romper
Hoy te quiero a ti. A ti que todavía no te conozco ni sé donde estás. Es un placer tomar café contigo. Me haces luna en un zulo, y el brillo del bar más barato de la ciudad. Me regalas besos caros, de los que ni la élite se Manhattan puede permitirse. Capaz de hacerme sentir una estrella de Hollywood cruzando la alfombra de hojas secas que el otoño nos pone por medio.
Y a ti también, por leer, por perder tu tiempo en valorar el mio.
Hoy a ti, también te quiero. Y a mí también.
