24 de junio de 2014

Que el fin del mundo nos pille bailando


Parece mentira que haya empezado el verano con la que esta cayendo fuera. Y no me refiero a las tormentas que nos esperan. Hay un cambio de rey, y se les ha pasado tener en cuenta todas las princesas de esquinas que rodean la capital. Ellos promenten lealtad a un trapo con colores,  y todavía nadie lo ha hecho a mis bragas de corazones. O si pero acaban haciendo como todos, robando todo lo que pueden sin que tu te enteres. 

Parece que el Sol aún se esta desperezando de la hibernación. Parece que haya bebido unas botellas de más y no haya conocido peor resaca que la que tiene.

Parece que nunca termine el bono del cercanías. A veces pienso que me voy al fin del mundo. Y es que he descubierto que todos tenemos un fin del mundo particular. Algunos han tocado el fin del mundo en una isla llena de pecados capitales y arena que se queda con todos los secretos de lo que allí pasa. Algunos cogen un coche y se van a donde siempre, para estar como nunca. Algunos se pierden entre sábanas para buscar entre orgasmos un corazón que le refresque el verano. Algunos compran hielos y entre vasos de ron olvidar donde esta el fin del mundo. Algunos entre las curvas de las rubias botellas planean como cruzar el oasis que les espera. Algunos se suben al mismo tren que el mio y les he visto muy perdidos. Me miran y me sonríen suspirando como si fuera la salvación. Algunos al borde de terminar con el trayecto me deseaban suerte. Como si supieran donde iba a acabar.  Y algunos, algunos todavía no saben a dónde van. Pero Sabina lo tenia claro, quiere que el fin del mundo nos pille bailando.

Quedan días contados para que de verdad sea verano. Para que el cercanías me despida. Para que el sol termine de salir, y empiece a barnizar las pieles. Empiece a jugar entre nubes, para evitar sobredosis de alegría. Que la luna aún no me reta para despedirla. Pero ya he encontrado los tacones más altos para robarte algo que me debes. Que queda menos para que te prometan lealtad a a esas bragas que guardas en el cajón. Que hace un año que me prometiste verano entero y siempre terminas.

8 de junio de 2014

Mírate

Mírate. Te brillan los ojos como cuando te invitan a una copa en la discoteca más cara de toda la ciudad. Los tienes color de la vida. Seguramente por cada uno de los golpes que te ha dado. Se me encoge el corazón cuando lloras y los mojas. Me da miedo que se destiñan y pierdan alguna de esas lineas del iris que lo compone.
Mírate. Cuando sonríes le muestras a tres cuartas partes del mundo que no hay quien te pare si todo te va bien. Pero ojalá nunca te vean cuando todo va mal. Y es que  yo te he visto como destrozabas tu vida en una milésima de segundo cuando me dijiste que me querías.  He visto a más de alguna persona con marca de esos colmillos blancos que escondes cuando seduces y se me escapan sonrisas irónicas de pensar que te estoy enseñando como se muerde más por dentro sin que lo vea nadie.
Mírate. Es domingo y no sales. Es domingo de cervezas y exceso de tabaco ahogando las horas entre la estrecha boca de la botella. Has pedido el doble de bebidas rubias conmigo que las veces que te he visto con rubias de revista. Y eso que nunca te he visto con ninguna. Así que haz cuentas.
Mira alrededor. Hay gente que todavía no se ha secado las lágrimas de la última infidelidad. Aunque no lo creas quedan personas que no creen en el amor. Y otras que dejan que los vicios destrocen el amor verdadero que nunca más podrán encontrar. Y ojalá que nunca lo vuelvan a encontrar. El problema es que ahora venden colonias que pueden hacer las maravillas de la seducción que antes costaba meses.
Mírame. Desde que te bese se me olvido escribir. Ya no coordino palabras melódicas que hacia parecer que tenía alguna idea de algo menos de amor. Y  llegas tú y me destrozaste todos los planes. Hasta los versos. Ya no escribo nada que no tenga algo que ver contigo. Y será que el mundo esta bien. Hay revoluciones fuera de tu cuerpo que también son importantes. Hay gente que disfruta de la poca libertad que tienen. Y yo solo pienso en no salirme del perímetro de tu cama. Hay quien vuela alto sabiendo que a tantos metros de altura solo le queda morir. La única forma de salvarse es cuando se aterriza en tu pecho.
Míranos. Y no digas más porque siempre sobran palabras. Ojalá a nadie le destrocen de tan bonita forma sus planes como has hecho tú.