Parece que el Sol aún se esta desperezando de la hibernación. Parece que haya bebido unas botellas de más y no haya conocido peor resaca que la que tiene.
Parece que nunca termine el bono del cercanías. A veces pienso que me voy al fin del mundo. Y es que he descubierto que todos tenemos un fin del mundo particular. Algunos han tocado el fin del mundo en una isla llena de pecados capitales y arena que se queda con todos los secretos de lo que allí pasa. Algunos cogen un coche y se van a donde siempre, para estar como nunca. Algunos se pierden entre sábanas para buscar entre orgasmos un corazón que le refresque el verano. Algunos compran hielos y entre vasos de ron olvidar donde esta el fin del mundo. Algunos entre las curvas de las rubias botellas planean como cruzar el oasis que les espera. Algunos se suben al mismo tren que el mio y les he visto muy perdidos. Me miran y me sonríen suspirando como si fuera la salvación. Algunos al borde de terminar con el trayecto me deseaban suerte. Como si supieran donde iba a acabar. Y algunos, algunos todavía no saben a dónde van. Pero Sabina lo tenia claro, quiere que el fin del mundo nos pille bailando.
Quedan días contados para que de verdad sea verano. Para que el cercanías me despida. Para que el sol termine de salir, y empiece a barnizar las pieles. Empiece a jugar entre nubes, para evitar sobredosis de alegría. Que la luna aún no me reta para despedirla. Pero ya he encontrado los tacones más altos para robarte algo que me debes. Que queda menos para que te prometan lealtad a a esas bragas que guardas en el cajón. Que hace un año que me prometiste verano entero y siempre terminas.

