Mírate. Cuando sonríes le muestras a tres cuartas partes del mundo que no hay quien te pare si todo te va bien. Pero ojalá nunca te vean cuando todo va mal. Y es que yo te he visto como destrozabas tu vida en una milésima de segundo cuando me dijiste que me querías. He visto a más de alguna persona con marca de esos colmillos blancos que escondes cuando seduces y se me escapan sonrisas irónicas de pensar que te estoy enseñando como se muerde más por dentro sin que lo vea nadie.
Mírate. Es domingo y no sales. Es domingo de cervezas y exceso de tabaco ahogando las horas entre la estrecha boca de la botella. Has pedido el doble de bebidas rubias conmigo que las veces que te he visto con rubias de revista. Y eso que nunca te he visto con ninguna. Así que haz cuentas.
Mira alrededor. Hay gente que todavía no se ha secado las lágrimas de la última infidelidad. Aunque no lo creas quedan personas que no creen en el amor. Y otras que dejan que los vicios destrocen el amor verdadero que nunca más podrán encontrar. Y ojalá que nunca lo vuelvan a encontrar. El problema es que ahora venden colonias que pueden hacer las maravillas de la seducción que antes costaba meses.
Mírame. Desde que te bese se me olvido escribir. Ya no coordino palabras melódicas que hacia parecer que tenía alguna idea de algo menos de amor. Y llegas tú y me destrozaste todos los planes. Hasta los versos. Ya no escribo nada que no tenga algo que ver contigo. Y será que el mundo esta bien. Hay revoluciones fuera de tu cuerpo que también son importantes. Hay gente que disfruta de la poca libertad que tienen. Y yo solo pienso en no salirme del perímetro de tu cama. Hay quien vuela alto sabiendo que a tantos metros de altura solo le queda morir. La única forma de salvarse es cuando se aterriza en tu pecho.
Míranos. Y no digas más porque siempre sobran palabras. Ojalá a nadie le destrocen de tan bonita forma sus planes como has hecho tú.

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