Empezaste quitando la vergüenza mientras me sonreías y me preguntabas que tiempo creía que hacía fuera. Te vi tan de cerca que pude contarte todas las pestañas que me abanican cada vez que parpadeas. Tienes las pupilas más negras cuando más me acerco a ti, se oscurecen y me veo reflejada mucho más guapa a tu lado. Tienes la piel con un 99% de seda, que me acaricias despacio y me erizas todo el bello de mi cuerpo. Haces que me acurruque a tu lado cuando me veo tan pequeña. Será por la seguridad que me transmiten tus brazos cada vez que me secuestras con ellos. Tal vez, y podría ser, porque cada vez que te cojo de la mano me tiraría contigo por cualquier precipicio. Como el de tu clavícula. Pide a gritos que le cure de todos los golpes que recibe cuando no estoy contigo. Y lo hice.
Me recordabas las veces que te había pensado, y te besaba pensando que ojalá nunca me dejases sin ti. Me ibas quitando las ganas que te tenía, y me preguntabas si me gustabas. Como no me vas a gustar con esas comisuras que son la cama de mis labios. Parece que solo descansen cuando te rozo. No me he visto tan cómoda en ningún sitio como cuando estoy contigo. No es que transmitas tranquilidad, digamos que careces de ella. Pero he descubierto que hasta en lo más puro, como es tu nervio, se puede descansar.
Me he visto a tu lado feliz. Me he visto guapa, y a ti un poco más. He visto como no te ibas nunca de aquella cama, ni como nunca me dejabas de desnudar. Me pregunte hasta que punto me quedaría contigo así. Y te vi la espalda, seguí la linea que empieza en tu nuca y pensé en no acabarla para no tener que irme .
Te he visto feliz a ti también. Nos vi desnudos cuando me preguntaste cuánto nos queríamos. Supongo que eso jamás se podrá medir. Sólo sabía que no quería que te fueras. Que me vi muy guapa a tu lado y muy triste cuando cerraste la puerta. Te quiero así, que nunca cierres la puerta a no ser que sea para entrar.

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