Te volvería a escribir a ti, porque a mis dedos les apetece perderse entre la utópica compañía tuya cuando me voy a dormir.
Y mis ojos te describirían todas y cada una de las razones, por no hablar de mis manos cuando rozan tu piel.
Por eso, por la multitudinaria cantidad de razones que doy al resto sobre ti, hoy te explico a ti. Viajo una hora en un cercanías alejándome más de ti, para acercarme a mi. Me han llevado al norte, dejando por el sur de casa media sonrisa.
Y he desaprendido tantas cosas por arriba, que cuando llegue abajo te las contaré todas.
Conozco la vida dividida en trocitos pequeños y muy humanos que recorren una pequeña facultad. Allí donde se sitúan dos máquinas y media de café. Donde se consume el tiempo más rápido que los cigarros.Y se vacían cervezas a contrarreloj del sol.
He desaprendido de los lazos eternos, de los futuros perfectos, de la vida acabada, y de los cerrares y abrir de ojos.
Y hoy no sé como explicar, que espero que no me necesiten ahora que me voy de algunos lados. Que de tanto desaprender he aprendido a observar donde ya no hago falta. Donde hay más trozos de vida. Que el mundo no se derrumba, sólo que hay que construirlo todos los días. Y créeme cuando te digo que la vida en trocitos es mucho más divertida.

