Haz de todo lo tuyo,
nuestro. Que seas estrella todas las noches de insomnio y sol de los
días nefastos. Que seas luz. Que brilles, pero sobre todo que
deslumbres. Quiero que me sigas dejando ciega. Y que me quites el
habla cada vez que se nos inclina el barco. De eso tuyo hablo.
No quiero tener
nuestra canción, quiero hacer nuestras todas las canciones. Que
consigas hacerme reír con la peor argumentación de elección
de película. Haré como que tienes razón.
Quiero que sepas
todo lo que yo no sé. Y que me enseñes todo lo que ya tengo
aprendido. Que hagas de los lugares más horribles el mejor lugar del mundo.
Que me enseñes los
rincones más oscuros de una ciudad, y te explicaré que hasta lo más
bello fracasa en algún factor.
Que me quieras
lejos, muy lejos, tanto que cada vez que me tengas cerca nos falten
vueltas de reloj.
Quiero que aunque
hayan pasado una estación de año sin vernos, cuando me veas, te
rías y me digas que estas cansado de verme todos los días. Que me
dispares a ironías, y te hagas un asesino en serie de abrazos.
Haré de todo lo
mío, nuestro. Déjame. Déjame hablarte sobre todas esas cosas que
no tienen relevancia. O si que la tienen pero la pierden cuando
estamos juntos. Hazte cómplice de mis quejas diarias. Y sonrieme
cuando me de cuenta de tu mordacidad.
Hazte conquistador
de este planeta. Navega en sus siete mares. Invade las siete
maravillas, y construye una octava.
Hagamos todo, lo
nuestro. Revueltos pero nunca juntos. Combatamos guerras separadas
que tengan el mismo final. Que la victoria sea descansar contigo.
Apoderemosnos de todos los bares nocturnos, devuélvele el guiño a
la chica apoyada en el pilar que sujeta un gintónic. Deja que se
empape los labios, y entonces adueñate de su risa y explícale que
tienes una novena maravilla que terminar. Y corre a buscarme.
Yo siempre volveré a
tu barba de dos días, para sentirme en casa.
Y entonces, hagámoslo todo
nuestro.
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