Dile que no te explique cómo es, que él no se esta viendo como tú lo haces. Y disimula, intenta que no se note que hace tiempo que solo esperas los huracanes que crea con sus pestañas.
Dile que te encantan las alturas, pero que tienes vértigo cuando te asomas al precipicio de su cama.
Alardea de sinceridad y miéntele, cuéntale que te encantaría escalar el Everest. Algún día se dará cuenta que te sobraba con su espalda.
Dile que no tienes secretos que no le puedas contar. Y vuélvele a mentir con lo rápido que ha pasado el tiempo desde la última vez.
Pregúntale a que sabe el éxito, y ríete cuando te pregunte si tu lo sabes. Tú di que no, que en cambio de fracasos le puedes enseñar todas las cicatrices.
Dile que no has viajado en tu vida. Pero no le digas que te recorrerías la esfera con él.
Pregúntale a que huele la velocidad.
Y deja que te conteste. Mantén el silencio.
Ahí se delatará y sabrás todo sobre él.
Tú no te delates.
Tú no te sinceres. No te desnudes. Sino te hieres.
Tú no le expliques nada. No dispares. No des pasos en falsos. Ten miedo a decírselo todo.
Ten cuidado, que solo tenemos una bala para esta guerra. Deja que corra, y te recorra. Deja que te pasee por la ciudad más bonita. Deja que te arruine la cena con la peor conversación social, y ríete luego con él.
Tú no nos arruines la aventura. Ahora que todo se salía por los márgenes.
Dile que te gusta más la palabra leal que fiel. Y explícale por qué.
Dile que nos morimos por él, y que al final, duran los resistentes, no los fuertes.
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