La única condición que hay en estas lineas es leer en el vacío. Dejar la mente más vacía que los pulmones cuando suspiramos hondo. Tan hondo como cuando nos quitamos un peso de encima. Hay suspiros que han pasado mucho tiempo en la cabeza dando vueltas. Pensando si era mejor matar con tres palabras o suicidarse por guardárselas todas dentro.
No es un buen día. Hace rato que el aire golpea con rabia las ventanas. Me pregunto que pensará de esta batalla entre miembros de un mismo bando. Acaba de sonar una canción que hablan de Súper no se qué, que iban borrachas, de dos que van siempre con ganas. De las de la pistola alta, pero la cabeza por encima. Tacones que tienen más memoria de las noche que ambas juntas. Heridas de resacas que refuerzas acordándote de pequeños detalles .
Empieza a llover, las gotas caen con ganas de enfriar la situación. Más aún. No sé si te has dado cuenta que llevamos bailando la misma canción un sexenio. Hay alguien insistiendo en cambiar de canción. No es el momento ni las razones para cambiar de pareja de baile. Aprendí a no pisar los pies bailando. A bailar quince centímetros más arriba del suelo sin caerme. Enseñar justo el limite donde separamos la vergüenza de nuestras piernas.
Sigue lloviendo al otro lado de la ventana. La ciudad esta triste y ha roto a llorar. Me encantaría sentarme a su lado y contarle que también es gris al otro lado de mis parpados. Que estaba entre perderme o perdernos, y he decidido perderme. Más perdida. Tan perdida como cuando estaba perdida de verdad. O incluso más.Todo ser humano con uso de razón pide gritando en silencio que volvamos a pelear contra el mismo enemigo. Y no me refiero en contra de tu corazón ni mucho menos de la razón. Al final las barbas de dos días se quedan con quienes les llenan la vida de verdad y no con quien les declara la guerra al mundo entero por él.
Si de los errores se aprenden, aprendamos a no guardar la caja de música. Hablar y escuchar sin olvidar cada pequeña nota musical que nos une, con empatía. Nuestras vidas por separado son canciones a mitad. Cantantes sin voces. El reloj sin tiempo, y nosotras desperdiciándolo. Hacen falta dos sillas y ganas de solucionar las cosas.
El orgullo no nos llenan las cajas de recuerdo, nos ocupan espacio que no podemos rellenar.

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