Inspirar hondo, contar hasta tres. Uno, dos y tres. Soltar todo el aire y, después, empezar.
Eran las diez cuando tomamos rumbo a lo que sería nuestra isla. Ocho horas en alta mar pensando que me traería aquellas siete vidas de mi vida gatuna. Siete días para empezar y no parar. Pasarían casi cien canciones para entrar al hotel. Perdiendo fuerzas y ganando ganas. Seis maletas recorriendo cinco pisos hasta llegar el que sería testigo de nuestros siete pecados capitales.
Las alarmas y las sábanas nos vacilaban para quedarnos un rato más. Esos "cinco minutos más" que acababan enterrados en la arena. Refrescados en un oasis, quitándote hasta tu nombre. Que el mar Mediterráneo ha soportado más resacas en siete días que en toda su existencia. Y el agua era más clara que los recuerdos de la noche anterior.
No había cama de cuatro para seis que pudiese quitarnos las ganas de todo menos de nada.
Llenábamos nuestros pulmones de aire, nos subíamos a unos tacones y nos bebíamos el paseo marítimo. Empapadas de humo, buscando nuestros puntos cardinales para encontrarnos el norte. Aunque somos más de sur. De desorientar a cada noruego, valenciano y organizador por el vaivén de pelo de cuatro morenas y dos rubias.
Encuentros inesperados de amores pasados, de corazones a mitad que se quedaron sin miradas. De personas que te ganan con una sonrisa a paso de caracol. Todavía siguen perdidas en nuestras faldas más de seis miradas.
Eramos seis y un solo volcán que gritaba en cada vuelta al zulo. Eran cinco pisos y un ascensor que guarda secretos y una doble ración de risas.
Era un mar que se nos quedaba pequeño después de que borrara doce huellas en una orilla.
Son siete días llenos de coincidencias, casualidades y causalidad. De bromas y alguna que otra lágrima. Siete días que han unido más fuerte a seis chicas que se comieron ese pequeño mundo.
Noches surrealistas y botellas de beefeater en noches de lujo.
Caras conocidas que ahora son más conocidas. Más cómplices
Vicio, alcohol y llamadas de madrugada que te (re)mueven por dentro.
No pasaba ni cinco minutos sin oír una carcajada, no he dejado ni un segundo sin dejarles de querer.
Eramos seis, eran siete y somos una.
Es otro año más por otro verano que empieza.

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