7 de mayo de 2013

Hago un llamamiento a las sonrisas por la mañana

Para escribir realmente bien hay que estar jodido, muy jodido. Tanto como cuando no te encajan unas cuantas piezas de puzzle, cuando una simple derivada te complica la noche de estudio. Cuando intentas separar los deslices del amor, pero olvidas que van unidos con enlaces covalentes moleculares.Si quieres escribir muy bien tienes que haber recibido una puñalada  que te duela tanto para llorarlo en palabras.

Por eso dejo claro que he estado mal, muy mal, que he llorado y he muerto de rabia.He sentido como andaba en contracorriente de una masa de gente y lo hacia todo al revés. Como el karma me sentó en una silla maniatada y me obligaba a ver como se iban personas de mi vida. De la mano de una dama de negro encapuchada. Pero nunca estuve realmente tan mal para escribir desde ahí. Desde aquella silla, desde mi propio mar de penas, desde los puñetazos en el estómago. Bueno, tal vez si lo estuve, pero de pequeña bebí otro punto de vista diferente . Creí que aquella mujer de negro se llevaba al paraíso de la mano a mis abuelos. Y susurraba mientras se iba que los cuidaría tan bien que rejuvenecerían. Volverían a enamorarse, y hacer y deshacer el amor tanto como quisiesen.Sobre el andar a contracorriente, aprendí que son los demás que van al revés. Voy en buena dirección. En mi propia dirección. Que no todos los caminos llegan a Roma, hay algunos que terminan en bocas agridulces. Y ves como te vuelves una puta barata porque si, por que lo dice nosequién por nosequé. Que me odian tanto que lo acabo canjeando por amor. Ahora que me he vuelto rica de corazón,  va la vida y se vuelve cara y falta de felicidad. Mujeres estirando los céntimos  Hombre ahogándose en números rojos. Familias durmiendo debajo de un puente. Y el hambre entre muchas, pero muchas personas.

 Falta tanta felicidad en el mundo que cualquier día de estos se cae y se rompe. En mil pedacitos. Tantos como quienes lloran por un Lunes. Y pienso lo que darían mis abuelos por un Lunes en mi casa. Una rutina a las siete de la mañana, un vaso de leche tan caliente que te haga desesperar. Pero ellos están en el paraíso jugando a eso de ser jóvenes, como cuando los niños juegan a ser mayores. Quedamos muy pocos sonriendo un principio de semana y el mundo empieza a pesar. Así que hago un llamamiento a las sonrisas de todas vuestras bocas. Necesito que el mundo gire más deprisa, tan deprisa que acabe desconcertada sobre que tenía que pensar.Que era aquello que me tenía que preocupar.


Todos tenemos problemas,sólo que su importancia depende de ti.



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