Inventaron los cines para los enamorados. Las discotecas para buscar pareja de baile.
Y hoy en los cines van los ricos con el calentón. Y piden por favor que repitan la película que no ha quedado del todo claro, si la mano va por encima de los hombros o por debajo de la falda. Si después será muy grosero pedirle no volverle a ver o mejor hacer de buen actor hasta que aparezca la buena de la película. Que una 100 siempre es más mujer de sus vidas.
Y en las discotecas se pisa más el baño que la pista de baile. Algunos todavía creen que la diversión se esnifa en la taza del baño del fondo de la derecha. Todavía no saben el funcionamiento de la dopamina. La adrenalina. Que el cuerpo humano fue lo suficientemente listo para crearnos nuestra propia droga. Que te mata, pero es más fácil revivir de nuestra propia muerte. A pagar por ella y engancharte al vicio. Pero de esto te hablaré otro día.
Y que te voy a contar del amor de ese lugar. En la cúspide del orgasmo, creo, que es fácil encontrar un te quiero. Y quien no querría a la persona que has conseguido sacar de la muchedumbre, y conseguir el placer de la noche. Aunque luego son los primeros que piensan que el amor de su vida tiene que estar intocable. Mientras juegan a ver quien toca más. Y en uno de esos bares que huele a nostalgia, a días malos, uno detrás de otro, una vez me invitaron a veneno. Había unas cuantas botellas en aquella estantería. Parecía que cada uno fuera un valor que tienen las personas, en modo licor. Pedí el de la izquierda, para no olvidar la dirección indicada. Bebí traición. Fue como cuando decides no llorar porque no merecen verte llorar. Ni inundar cualquier hombro. Fue perdonar sin motivos. Fue confiar a ciegas. Y ciego sin lazarillo poco puede hacer. Y seguí bebiendo. Porque todos alguna vez necesitamos beber para poder ver. Y me di cuenta que soy más que un momento de aquel bar. Más que recuerdo de una persona. Que estoy compuesta por cuatro más uno. Que mi vida puede funcionar perfectamente sin ser funciona perfectamente desde aquella traición. Que tengo amor con cinco nombres e ilusión en el último.Y no necesito colocarme para poder verlo. Droga son todas aquellos pilares de mi vida. Ni la dopamina. Ni la adrenalina.

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