Eres el primer bostezo de la noche. Y el dedo que corta la caída libre del agua que se derrama por la parte superior de mi cara.
Eres el alcohol derramado por mis medias. Y las carreras de ellas.
Eres el descanso de los domingos. Y la adrenalina de los viernes noche.
Eres el primer trago de la cerveza fría. La ceniza en el suelo con el cenicero delante.
Eres la última luz en apagarse. Y la primera en encenderse por las mañanas.
Eres la h del amor, y la t de la felicidad. Que sí, que felicidad acaba en T por el Levante. Por eso tienes la sonrisa al levantarte.
Eres lo más pequeño que cabe en esta ciudad. Y lo más grande que cabe en mi cama.
Eres ese "choca esos cinco" rápido. Y de silencio lento cuando todo va mal. Si es que alguna vez algo va mal.
Eres la risa floja, de los tangas fuertes.
Eres la batalla ganada, en tiempos de paz. Y el vértigo de andar en tacones cuando te veo. Si es que te veo. Y si no te invento. Apoyado en cualquier barra de bar.
Eres porque te dejé que fueras. Soy porque sé ser. Y sé que alguna vez seremos. Si no es que ya somos. Tal vez, fuimos, y quizá por eso ahora somos.
Fuimos salidas de emergencias de amores nocturnos.
Somos en subjuntivo, siendo en indicativo.
Seremos los que se llaman y no tardarán horas en colgarse. Porque, quizá, ya estemos colgados.

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