Anochecía mientras el profesor de psicología evolutiva nos presentaba a un tal René Spitz y su proceso de diferenciación entre el "yo" contra los "otros". Explicaba la teoría de las sonrisas. Habla de sonrisas sistemáticas, que vendrían a ser aquellas que nos aparecen cuando reconocemos una cara que nos resulta familiar. Cuando estás feliz porque sí, porque no hacen falta más motivos. Por otro lado, hablaba de sonrisas del placer, de las necesidades cubiertas, las endógenas. Explicaba que estas sólo podía presentarse en los bebés hasta los tres meses y luego se transforman en sonrisas sistemáticas.
Parecía que el frío de aquella clase salían de todas las personas tristes que la habitaban. Parecía que se desperezaba el invierno. Parecía que sólo conseguía calentarme a base dar caladas, consumiendo las horas entre nicotina y café. Notaba como se me agrietaba el cuerpo cada vez que tiritaba y en cada escalofrío sentía como ibas alejándote un poco más. Como si te fueras por cada poro de mi cuerpo pegando un portazo. Y a veces agacho la cabeza para ver todo lo que se ha caído de mi vida, y encuentro tres sonrisas permanentes que se alimentan a base de carcajadas en una cafetería pequeña de la facultad. Son pequeños pedacitos bañados en capuccinos de máquinas baratas que te calientan como nada.
He sobrevivido a dieciocho invierno y estoy a punto de pasar otro en el norte de una comunidad. Y dormir sola empieza a ser una necesidad básica sin cubrir. La distancia de esos pequeños corazones que componen el mío empieza a molestar. Como el frío entrando por unos calcetines mojados. Como los libros rotos de la biblioteca. Como echar de menos a todo aquello que te compone.
Seguramente que al señor Spitz jamás consiguió sentir como le rescataban de días duros sin darse cuenta.Y al final del día carecía de sonrisa endogénica, que la vida consiste en sobrevivir cada invierno día a día.Cubriéndolo a base de placeres.Y cuando conseguimos llegar a la primavera acabamos sonriendo como todos los tontos enamorados que reciben un mensaje inesperado de esa persona. O como si tú hoy ocuparas mi cama.

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