Te quiero dejar, un huequecito en mi cama para cuando me eches de menos. O de más. O cuando dudes en echarme de ti.
Que me sorprendas cuando el fío apriete con algún que otro detalle de tu piel. En invierno dame de ti, por falta de mercurio en los termómetros y en mi cuerpo.
No quiero seguir hablando de ti a nadie que no seas tú. Porque te contaría lo bonito que es poder tenerte, sin tener que escribirlo para que la alineación de los planetas te lleve hasta estas letras.
A vece preferiría no haberme metido donde he acabado metida, donde no debía. Y he acabado debiéndote algo, como tener algo (en) pendiente. Y mira que esta cuesta arriba todo, que pareces inalcanzable por momentos, y tú me susurras que gire la cabeza que estás a mi lado. Sin cogerme de la cintura, ni de las piernas.
Perdiéndote el perfume de tu vida, ese que se intercala entre mi pelo. Pudiendo perderte por cualquier parte de mi. Empezando por la espalda, y si quieres terminas conquistándome el ombligo. O la vida, y si te lo propones puedes hacerte un corazón a medida.
Pero si te pierdes, piensa que me pierdo yo. Y no hay nada peor que una mujer perdida, sin saber como llegar a donde tenía previsto.
Venía a decirte que a ratos, pequeños, diminutos, creo que te quiero. A secas, sin continuación. Pero quiero que esto continúe.
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